Cáncer infantil en 2025: datos y situación en 2026

Ayer, 15 de febrero, fue el Día Internacional del Cáncer Infantil. Y, aunque ese día aparece en el calendario, para muchas familias no es “un día”: es una realidad que empieza con un diagnóstico y sigue durante meses, a veces años. Por eso hoy, 16 de febrero de 2026, queremos hacer algo sencillo y útil: poner datos reales encima de la mesa y explicar por qué seguimos insistiendo en lo mismo: investigación, acompañamiento y constancia.

No buscamos un texto para “salir del paso”. Buscamos que, cuando alguien lea esto, entienda mejor qué está pasando con el cáncer infantil y por qué aún hace falta toda la ayuda posible.

Lo primero: el cáncer infantil existe en todo el mundo, pero no se vive igual en todas partes

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que cada año alrededor de 400.000 niños, niñas y adolescentes (0–19 años) desarrollan cáncer.

Hay otro dato que cuesta leer, pero explica muchas cosas: en países con buenos recursos sanitarios, más del 80% de los menores con cáncer se curan; en países con menos recursos, menos del 30% lo consigue. La diferencia no es “suerte”. La OMS la relaciona con diagnósticos tardíos, dificultades para acceder a tratamiento, abandonos por falta de apoyo y muertes por toxicidad o recaídas evitables.

Incluso en algo tan básico como los medicamentos, la desigualdad es enorme: solo el 29% de los países de renta baja informan que los fármacos oncológicos suelen estar disponibles para su población, frente al 96% en países de renta alta.

Por eso, cuando hablamos de cáncer infantil, hablamos también de equidad, de acceso y de que “curarse” no debería depender del lugar donde naces.

España: cifras que ayudan a entender la dimensión (y a no minimizarla)

En España, los registros y sociedades científicas pediátricas sitúan el cáncer infantil como una enfermedad poco frecuente, pero con un impacto enorme. Según la Sociedad Española de Hematología y Oncología Pediátricas (SEHOP), se diagnostican unos 1.100 casos al año en menores de 14 años y la incidencia ronda 138 casos por millón.

La misma fuente señala que, cada año, aparecen también alrededor de 400 casos en adolescentes (15–19 años). Y, en cuanto a resultados, se habla de una supervivencia a 5 años del 82,5% en cáncer pediátrico en España.

Si nos vamos a una fotografía más reciente de 2025 (estimaciones publicadas), el Ministerio de Sanidad señalaba 1.049 casos en menores de 15 años y 573 casos entre 15 y 19 años. Son cifras que cambian poco de un año a otro, pero que recuerdan algo importante: detrás de cada número hay una familia reorganizando su vida entera.

Sarcoma de Ewing: por qué insistimos tanto en “investigación”

Dentro del cáncer infantil hay muchos tipos distintos. Nuestra fundación tiene el foco puesto en el sarcoma de Ewing.

Es un tumor raro (y eso también es un problema, porque lo raro suele recibir menos atención y menos inversión). Orphanet estima una incidencia anual aproximada de 1 caso por cada 312.500 niños menores de 15 años.

Y, aunque los tratamientos han mejorado con el tiempo, sigue habiendo una diferencia enorme según el momento del diagnóstico. Por ejemplo, datos de supervivencia a 5 años recogidos en EE. UU. (SEER, según la American Cancer Society) sitúan la supervivencia alrededor del 81% cuando la enfermedad está localizada, pero baja hasta el 41% cuando es diseminada.

No compartimos estos números para asustar. Los compartimos porque explican por qué repetimos tanto la palabra ensayos clínicos, por qué es tan importante que un proyecto no se quede a medias y por qué la investigación no puede depender de rachas.

“¿Y qué se puede hacer?”

Ayer fue 15 de febrero, sí. Pero a una familia que está entrando hoy a urgencias, o que espera resultados, el calendario le da igual. Lo que necesita es otra cosa: información clara, un sitio donde preguntar, apoyo y, a medio plazo, mejores tratamientos.

En la Fundación Alba Pérez llevamos años invirtiendo directamente en investigación en cáncer infantil. Y, además, somos cofundadores de una empresa centrada exclusivamente en desarrollar nuevos tratamientos. No lo contamos para colgarnos una “medalla”. Lo contamos porque hay una parte del camino que, si no se estructura bien, se hace eterna: pasar del laboratorio a algo que pueda probarse con garantías.

La investigación no avanza solo con ideas buenas. Avanza con equipos, con tiempos, con permisos, con fabricación, con evaluación y con pasos pequeños que cuestan dinero. Y avanza, sobre todo, cuando puede seguir avanzando sin parones.

Aquí entra lo que más cuesta explicar y lo más fácil de entender a la vez: la donación no es un gesto simbólico. Es lo que permite sostener el trabajo cuando no hay focos. Es lo que hace posible seguir.

Nosotros queremos que llegue un momento en el que el Día Internacional del Cáncer Infantil sea solo un recuerdo de algo superado. Pero, hoy por hoy, sigue siendo necesario porque todavía hay desigualdad, ya que aún hay tumores con opciones limitadas, porque hay recaídas y porque siguen existiendo familias que se sienten perdidas al principio del camino.

Y porque la investigación, cuando se para, no se recupera “al día siguiente”.

Si has llegado hasta aquí, gracias por leer. Y si te apetece conocer con calma cómo trabajamos o cómo apoyar la investigación y el acompañamiento, en nuestra web tienes toda la información. Hoy no pedimos grandes palabras. Pedimos continuidad.

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