Hay retos que se entienden mejor cuando se mira lo que hay detrás.

No solo los kilómetros, ni las horas, ni el desnivel. Lo importante, muchas veces, es la razón por la que alguien decide ponerse en marcha.

La Pedalma Madrid-Barcelona es una aventura de ultraciclismo de autosuficiencia. Un recorrido de 700 kilómetros, con más de 7.500 metros de desnivel, por carreteras secundarias que unen Madrid con Barcelona. La sexta edición se celebró el 29 de mayo de 2026 y quienes participaron tuvieron 50 horas para completar el trazado. Sin asistencia. Con la bicicleta, la estrategia, el cansancio y la cabeza como principales compañeros.

David Blanco decidió afrontar ese reto con un motivo muy claro: dar visibilidad a la Fundación Alba Pérez y apoyar la investigación contra el cáncer infantil. Su meta no estaba solo en llegar al Tibidabo, en Barcelona. Su meta era convertir cada pedalada en una forma de hablar de los niños y niñas que esperan tratamientos mejores, de las familias que viven procesos muy duros y de la necesidad de seguir financiando la investigación médica.

Salió de Madrid el viernes a las 10:30 h, sabiendo que por delante tenía muchas horas de carretera. Los primeros kilómetros ya avisaron de lo que venía: calor fuerte en Guadalajara, ritmo contenido para no desgastarse demasiado pronto y una noche que ayudó a avanzar con mejores temperaturas. En una prueba así, cada decisión cuenta. Beber, comer, parar, no parar, proteger el cuerpo y reservar fuerza para lo que aún no se ve.

El sábado llegó una de las partes más duras del recorrido: Aragón, Caspe y la zona de los Monegros, con temperaturas que rondaron los 35 °C. En esas condiciones, seguir no es solo pedalear. Es gestionar el cuerpo, la hidratación, las sales, el sueño y la mente. David tuvo que parar en gasolineras, enfriar la mochila de hidratación y adaptarse a una situación que exigía calma y resistencia. En la ultradistancia, el cansancio no avisa una sola vez; vuelve una y otra vez, y hay que aprender a responderle.

La segunda noche fue otro reto. Con muchas horas acumuladas, el cuerpo ya pesa de otra manera. Las subidas finales se hacen más largas, la falta de sueño se nota y la cabeza empieza a ocupar un papel decisivo. Pero David siguió. Y lo hizo recordando para qué estaba allí. No pedaleaba solo por completar una prueba. Pedaleaba por una causa.

Finalmente, cruzó la línea de meta en Barcelona. Finisher de la Pedalma 2026. Setecientos kilómetros desde Madrid hasta Barcelona, sin detener el reloj, con calor extremo, fatiga y muchas horas de esfuerzo. Desde la Fundación Alba Pérez queremos darle las gracias por llevar nuestra causa en cada tramo del camino y por convertir su pasión por la bicicleta en una forma real de ayudar.

Para nosotros, este tipo de iniciativas significan mucho. Los eventos solidarios, los retos deportivos, las cenas benéficas, los mercadillos, las campañas locales o las acciones personales no son solo formas de recaudar fondos. También son una manera de recordar algo que no puede quedar en silencio: la investigación contra el cáncer infantil necesita financiación constante.

La ciencia no avanza solo cuando hay grandes noticias. Avanza también en los días en los que hace falta comprar material, repetir una prueba, validar un resultado o mantener una línea de trabajo activa. Avanza cuando las donaciones permiten que un proyecto no se pare. Avanza cuando una persona decide hacer algo desde su entorno y consigue que otros miren hacia una causa que necesita apoyo.

Por eso agradecemos tanto gestos como el de David Blanco. Porque detrás de cada reto hay una conversación que se abre. Alguien pregunta por qué lo hace. Alguien entra en la web. Alguien conoce por primera vez qué es el sarcoma de Ewing. Alguien entiende que el cáncer infantil no termina cuando se apagan los focos de una campaña. Y quizá alguien decide ayudar.

También sabemos que la investigación no es la única parte del camino. Detrás de cada niño o niña en tratamiento hay una familia que se reorganiza por completo. Hay desplazamientos, dudas, miedo, hermanos, colegios, noches en el hospital y muchas preguntas. Por eso, además de apoyar la investigación, intentamos estar cerca de las familias en lo que podemos: con información, con acompañamiento y con recursos que hagan el proceso un poco menos pesado.

La Pedalma nos recuerda que cada uno puede ayudar desde lo que sabe hacer. David lo hizo sobre una bicicleta, atravesando España en una prueba exigente. Otras personas lo hacen organizando una cena, preparando un mercadillo, comprando en la tienda de donativos, compartiendo una publicación o haciendo una aportación mensual. No todas las ayudas tienen la misma forma, pero todas pueden empujar en la misma dirección.

A David, gracias por el esfuerzo, por la visibilidad y por no olvidar a los niños y niñas que están luchando contra el cáncer infantil. Gracias por caminar, o en este caso pedalear, a nuestro lado. Y gracias también a todas las personas que han seguido el reto, han enviado mensajes, han compartido la causa o han aportado su granito de arena.

Las cuestas de una prueba terminan. El cansancio, con descanso, se recupera. Pero la lucha contra el cáncer infantil sigue cada día. Por eso necesitamos seguir hablando, seguir investigando y seguir sumando apoyos.

Porque cada kilómetro ha tenido sentido. Y porque cada gesto, cuando se une a otros, puede acercarnos un poco más a lo que todos queremos: mejores tratamientos, más oportunidades y una vida mejor para los niños y niñas que hoy siguen esperando respuestas.

Colabora

Sudaderas y camisetas

por cada donativo

Hasta fin de existencias