Hay decisiones que se toman en voz baja. Sin prisas, sin anuncios y sin necesidad de contarlo a nadie. El testamento solidario es así: una elección íntima y muy personal que refleja lo que cada uno valora y cómo quiere que su historia siga presente cuando ya no esté.
En la Fundación Alba Pérez queremos hablar de esto con respeto y con claridad. Un testamento es, ante todo, un acto de libertad. Solo tú decides cómo repartir tu patrimonio. Nadie puede hacerlo por ti. Y si en ese reparto deseas incluir una causa u obra social que te importa, también es tu derecho. No es una obligación ni una petición incómoda: es una posibilidad real que muchas personas se plantean a lo largo de su vida.
¿Qué es un testamento solidario?
Un testamento solidario es un testamento en el que, además de pensar en tus seres queridos, decides dejar una parte de tu herencia a una entidad social. Esa aportación se llama legado solidario. Puede ser una cantidad de dinero, un porcentaje del patrimonio o un bien concreto, siempre según tu voluntad y lo que establezca la ley. Lo importante es que tú decides qué, cuánto y a quién.
A veces, cuando pensamos en el futuro, lo primero son nuestros familiares. Y tiene todo el sentido. Pero hay quien también se hace una pregunta más amplia: ¿por quién y por qué quiero ser recordado? ¿Qué valores me han acompañado en vida? ¿Qué me gustaría que siguiera ayudando cuando yo ya no esté? Para algunas personas, esa respuesta tiene que ver con la solidaridad y con dejar algo bueno en el camino.
¿Cómo ayuda un legado solidario?
Si así lo deseas y lo expresas libremente, incluir a la Fundación Alba Pérez en tu testamento significa apoyar nuestro objetivo esencial: la lucha contra el cáncer infantil, con el foco puesto en la lucha contra el sarcoma de Ewing. Ese apoyo nos permite seguir haciendo lo que hacemos hoy: impulsar proyectos de investigación en cáncer infantil, sostener recursos que dan alivio a las familias y mantener una red de acompañamiento en momentos de incertidumbre.
No hablamos de grandes gestos. Hablamos de continuidad. De poder seguir trabajando cuando los recursos no son estables. De poder planificar. De no depender únicamente de la urgencia del momento.
Cuando una familia recibe un diagnóstico de cáncer infantil, todo cambia. Aparecen miedos, dudas, desplazamientos, noches difíciles. Y también una necesidad muy concreta de apoyo: información sencilla, alguien que entienda el proceso y recursos que hagan el camino un poco menos pesado. Desde la Fundación intentamos estar cerca de esa realidad y, al mismo tiempo, impulsar la investigación que abre puertas a tratamientos mejores.
Un legado solidario puede convertirse en eso: en una ayuda que llega cuando más se necesita y que no depende del azar. Es una forma de decir: “yo ya no estaré, pero quiero que esto siga”. Y aunque no podamos medir el impacto humano de una sola frase, sí sabemos lo que hace la continuidad: permite que la investigación avance, que los proyectos no se queden a medias y que la esperanza no dependa de un mes bueno o malo.
Es una decisión libre, sin presiones
Queremos decir algo importante: hablar de testamento solidario no es hablar de despedidas. Es hablar de vida y de valores. Por eso, si en algún momento te planteas esta opción, o si simplemente quieres informarte, hazlo con libertad y con la serenidad de saber que es una decisión que te pertenece.
Si quieres conocer cómo funciona el testamento solidario y qué pasos suelen darse para incluir un legado solidario, en nuestra web encontrarás la información detallada. Y si prefieres escribirnos para resolver dudas concretas, también estaremos dispuestos a ayudarte.