Mejoras en la casa de acogida de Barcelona

En la Fundación Alba Pérez sabemos que, cuando un niño está en tratamiento, la vida se reorganiza alrededor del hospital.

Cambian los horarios, cambian las prioridades y, de pronto, lo normal es dormir a ratos, comer como se puede y vivir con una mochila siempre a medio hacer. A eso se suma una realidad que muchas familias conocen bien: no todas viven cerca de los hospitales de referencia. Y cuando toca venir a Barcelona durante semanas o meses, tener un sitio donde descansar deja de ser un “extra” y pasa a ser una necesidad básica.

Por eso apoyamos La Casita de Alba, una casa de acogida en Barcelona pensada para familias que necesitan un lugar digno, tranquilo y cómodo mientras su hijo o hija recibe tratamiento. Es un complejo de apartamentos y espacios comunes donde se puede hacer algo tan simple —y tan importante— como ducharse con calma, dormir en una cama de verdad, poner una lavadora o compartir un rato de descanso sin salir corriendo. Cuando un niño puede salir unos días del hospital, también es un lugar donde puede sentirse más cerca de casa.

Este año queremos dar un paso más. Gracias a todas las donaciones y aportaciones que recibimos, vamos a impulsar mejoras concretas en la casa. Por un lado, ampliaremos el equipamiento con más electrodomésticos. Puede sonar pequeño, pero no lo es: en una casa donde conviven estancias largas, rutinas cambiantes y familias que van y vienen, contar con recursos suficientes facilita el día a día y reduce preocupaciones que ya sobran.

Y, además, tenemos previsto iniciar la instalación de placas solares para que la casa sea más autosuficiente. La idea es sencilla: depender menos de la red y ganar estabilidad. Lo hablamos con especial cuidado por algo que ya hemos vivido: los cortes de suministro, como el apagón que hubo en abril. Para muchas familias, un apagón es una incomodidad. Para otras, puede generar ansiedad real si su hijo necesita máquinas o equipos para su bienestar en casa. Con esta mejora buscamos que, ante situaciones así, la casa pueda ofrecer más tranquilidad y continuidad en lo esencial.

No estamos hablando de promesas grandes ni de palabras bonitas. Estamos hablando de mejoras prácticas que se notan en lo cotidiano: una casa más preparada, más cómoda y más segura para quienes pasan por uno de los momentos más duros de su vida. Y esto solo ocurre por una razón: porque hay personas que deciden ayudar, aunque sea con poco, y porque esa ayuda, sumada, se convierte en acciones reales.

Si quieres ver formas de colaborar, puedes hacerlo a través de nuestra tienda de donativos o uniéndote a la Fundación .Y si hoy no es tu momento, compartir esta información también sirve: a veces llega justo a quien estaba buscando una manera de aportar.

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